Bienvenido al siglo de los números.


¿Acaso eres un Número?

¿Acaso eres un Número?

Bienvenido al siglo de los números, un mundo “total”, “igual”, “uniforme”, “comprensible”, “medible”, “confiable” y “predecible”.

Vivimos en un tiempo donde los números, lo son todo. Tal parece que estos imaginarios amiguitos se han vuelto el dios de nuestras vidas y por esto se han convertido en nuestra vida misma, nuestro foco. Todo lo enseñamos, aprendemos y aprovechamos con números, todo tiene un estándar, un indicador, un sentido, y ¡hasta una lógica!

Este mundo científico, razonable, hermoso y calculado, se acerca cada vez más al absurdo, a lo contradictorio de lo que en su sentido alega ser, donde todo se puede calificar con aciertos y errores, donde podemos decir que tan bueno es un estudiante por un número tachado en rojo, o donde decimos que tan útil será en la sociedad por una serie de sumas, restas, divisiones y multiplicaciones que a la larga no dicen más que lo somera percepción de un presente incompleto.

Y con temor a caer en la ignorancia de la parcialidad, debo aclarar que no son los números los culpables, ¿Qué culpa puede tener, algo que ni siquiera existe? Para salirme del meollo generado por esta pregunta, explicaré lo siguiente: lo que entendemos por número es solo la representación de una cantidad de cosas contenidas en algo o presentes en cualquier caso, mas esos números, no se pueden tocar, oler, saborear o incluso ver de manera general; esos números obedecen al valor y la severidad que nuestras propias mentes les dan, pero ¿Son realmente nuestras mentes quienes dan ese valor?

En nuestra sociedad, los números lo hace todo por nosotros, nos dicen qué tanto trabajo o que tan aptos somos, nos dicen nuestras tendencias emocionales, laborales y vocacionales, nos pueden decir que tan sanos estamos, que tan bien podemos estar y hasta a cuánto podemos aspirar; nos muestran el pasado, dominan el presente y proyectan el futuro, pero lo anterior puede esclarecerse con otra pregunta: ¿Puede algo uniforme y siempre igual, definir seres, hechos y fenómenos infinitamente distintos unos de otros?

Buscamos respuestas en el lugar equivocado. Hemos dejado que estos imaginarios amigos controlen nuestras vidas, que controlen nuestro tiempo y disponibilidad, volviéndonos cercanos a las máquinas que funcionan con una programación única e inquebrantable, cuadriculando nuestro mundo multiforme y complicando nuestras inexplicables mentes; hemos dejado que controlen nuestras emociones con sus ejemplos de lógicas absolutas, hemos dejado que controlen nuestro universo, como siempre “tan medible” y haciéndolo parecer hasta predecible, y haciéndonos parecer predecibles también a nosotros.

Pretendemos tener un mundo lleno de prosperidad y equidad para todos, pero esto bajo un modelo de masiva escala que tacha de ignorantes o incapaces a aquellos que no aceptan o simplemente no pueden asimilar su lógica de cuadros y absolutos irrefutables, que hacen parecer que la historia ya está escrita y que descartan las posibilidades infinitas que en cada momento se dan.

Lo anterior puede parecer una historia de terror, algo que tal vez pasamos por alto y que sin duda tiene responsables, quienes podrían fácilmente ser aquellos tediosos números que nos dieron tantos dulces sueños de mañana escolar; pero no, los culpables hemos sido nosotros: mujeres y hombres que han permitido un absoluto en sus vidas, que han aceptado ser un número más, una estadística, un estudio, un estándar, un puñado de robots sin emoción ni pensamiento.

Esta sociedad que ha cambiado el horror de las masacres humanas, la violencia y el hambre, por el consumo innecesario y el conformismo, por cifras estadísticas del noticiero diario, por números de desempleados o la felicidad o tristeza de un hogar por una tasa adquisitiva; o también  los sentimientos o emociones de una persona por un bulto de ceros en una cuenta bancaria, y así mismo, la inspiración y valentía de un estudiante, por un boletín de notas numéricas y un cuadro de “honor”. (Y a fin de cuentas, ¿Qué es el honor?)

La culpa no es de los números. Al fin y al cabo son un invento nuestro; es nuestra responsabilidad poner al alcance de todos, nuevos métodos que garanticen las diferencias y el valor, no solo humano, sino vivo de cada ser, y que le permita –aunque esté en el común-, la oportunidad de ser y parecer único,  DE PODER PERTENECER A UN MUNDO, VIABLE PARA TODOS.

Por sobre todo, PODER SER. Escrito Por Álvaro Cruz.

Bienvenido al Siglo De Los Números.

Bienvenido al Siglo De Los Números.

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About Sangarrafa

Aspirante a Filólogo, amante de las palabras, incrédulo, soñador y delirante.Literatura, mundo e ideas son lo que hoy me impulsan; los libros, la vida, la sociedad, la cultura , el amor y el desencanto me hablan y mi meta es responderles. Aún soy altruista y creo en causas perdidas, me encanta escribir y mi descanso es leer. Me interesan la escritura y creación, corrección y edición, traducción y revisión de textos. Quiero vivir entre, con y para las palabras.

4 responses to “Bienvenido al siglo de los números.”

  1. D8Writes says :

    Excelente. Realmente es decepcionante, que nuestra realidad se haya inundado de ideales, de abstracciones, de inventos que a la larga nos deshumanizan y nos quitan nuestra escencia, nuestra verdadera escencia, el ser.

    Keep It up Fella!
    Congrats!

  2. Sangarrafa says :

    Somos en esencia impredecibles, altamente subjetivos. Entonces, para qué perdemos el tiempo en tratar de objetivarnos. La objetivación es la parte menor de nosotros. La subjetivación, nuestra esencia, nuestro fundamento. Bien por este tema. Felicitaciones Álvaro. Sigue en este noble y divertido propósito.

  3. Harold Fernando says :

    Bien jardinerito Cruz por allí está el entendimiento de los cooperativistas que creen el dinero no existe es también una quimera, es más hasta los mismos capitalistas lo sabes solo que utilizan el aparente poder del valor del dinero para vender la idea de que millones es mas que mil mientras ellos saben que basta con saber jugar el juego para multiplicar sus ganancias y la gente sigue todos los días matandose por un billete de valor al final de la vida gastandolo todo por recuperar un tiempo que jamás volverá… el dicho de don Saúl allí va el que se mató cuando joven por dinero, allí va don Saul en el ataud sin dinero y sin salud… Ahora entiendes por qué la desdicha de calificar con números, aun peor hablar de porcentajes intelectuales… es para reirse… Que viva la solidaridad la cooperatividad que se destierre la competencia… no entiendo como lo relativo como un número se absolutiza por eso ahora todo es negociable hasta la dignidad. Abrazos.

  4. gold account says :

    Si queremos cambiar el mundo a mejor, debemos primero mirar en un espejo en qué nos hemos convertido, tanto los padres como el Sistema, para poder corregirlo devolviendo las alas a nuestros hijos y criándolos como realmente necesitan para volar muy alto.

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