Nostradamus y el celular


nomofobia/monofobia

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Cada tiempo alberga sus formas de padecer. Este texto retrata una de las más apremiantes y dolorosas necesidades a la que hoy nos enfrentamos consciente o inconscientemente la mayoría de humanos, quienes a pesar de jactarnos de un espejismo de libertad, somos expertos en encontrar nuevas cadenas y grilletes.

 

Hay días en que me pregunto ¿A qué vinimos? ¿Por qué nacimos? ¿Por qué necesito tanto del otro?

El día comienza, a la hora que sea, carece de importancia; lo primero que quiero saber es quién se ha comunicado conmigo, lo que se soluciona con una estirada de brazo y un posterior tacto de entre dormido para buscar el aparato por excelencia para lidiar con los días “tranquilos” o “propios” como me gusta llamarlos: el celular.

Se conecta a internet y finjo desinterés, me gusta mentirme a mí mismo y decirme que no lo necesito, que no es necesario. Una parte de mí, con calma arrogante, predice el sonido de alerta (o una vibración si es que acaso la noche anterior quise sentirme más independiente al poner el aparato en silencio -un silencio absurdo claro está, pues la vibración contra la mesa hace más ruido-) y otra parte teme que no llegue. Y si no llega es porque algo debe estar mal, con el aparato y no con el mundo. Pretendo que es imposible no haber recibido algún mensaje de otros aparatos, continentes de la soledad, y me embarco en una búsqueda absurda por un error de funcionamiento de un aparato al que le doy mi devoción matutina.

Así pues, si me lo preguntan a mí, el cambio que necesitamos hoy en día, el gran cambio, la revolución, no es restringir el uso de esos aparatos, al fin y al cabo, no es su culpa. Lo que necesitamos, siendo mucho más sensatos, es actualizar todas las obras enciclopédicas que ilustren el cuerpo humano y de igual manera debemos proponer un cambio en nuestros rituales post-mortem: toda ilustración fisiológica del cuerpo humano del siglo XXI deberá incluir el teléfono celular como extensión del cuerpo y será considerado el primer órgano accesorio y como tal debe hacer honor de presencia en la putrefacción de cualquier cuerpo al que pertenezca. Nostradamus una vez me dijo, estaba joven en ese entonces, que los jóvenes ya no regalarían sus corazones en los poemas, ahora iban a dar su número de celular como muestra de amor y el aparato como símbolo de entrega total.

No se equivocó.

 Si preguntas o certezas te han emergido con la lectura de este texto, te invitamos a que realices un comentario y si consideras que alguien más puede sacar provecho de estas palabras, no dudes en compartirlas a través de tus redes sociales.

 

Por: Ulises y Dabama (texto e introducción)

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About Sangarrafa

Aspirante a Filólogo, amante de las palabras, incrédulo, soñador y delirante.Literatura, mundo e ideas son lo que hoy me impulsan; los libros, la vida, la sociedad, la cultura , el amor y el desencanto me hablan y mi meta es responderles. Aún soy altruista y creo en causas perdidas, me encanta escribir y mi descanso es leer. Me interesan la escritura y creación, corrección y edición, traducción y revisión de textos. Quiero vivir entre, con y para las palabras.

4 responses to “Nostradamus y el celular”

  1. Nelson says :

    Este escrito refleja la necesidad del ser humano de estar atado a algo, de tener quien lo controle, aunque diga sentirse libre. Dejar a un lado el celular es ahora más traumático para algunos que ignorar al ser más querido. Ese apéndice es más que físico; es parte de la mente y una extensión visible en el cuerpo. Para más claridad, quédese alguien sin cobertura de red, falle el operador, extravíe el aparato, interrúmpanle la conversación, a ver qué sucede……..Se parte la existencia en muchos pedazos. hasta se ha perdido la vida en ello, en acción violenta y en imprudencias.
    Antes había menos información y redes de contacto y era una incertidumbre llevadera. Ahora, hay más fuentes y medios de contacto y un solo minuto puede crear dudas, sufrimiento y ansiedad ante la ausencia de una respuesta a la llamada. Nos volvimos más impacientes e inseguros.
    Ensayen esto: un fin de semana con el teléfono apagado. Solo se atiende en contacto personal. Como en los viejos tiempos. Que estrés al comienzo pero que paz al final.
    Se les quiere a todos.

  2. Daniel says :

    Seguro que ya es nuestro primer órgano accesorio. Ya habremos perfeccionado el trasplante de celulares.

  3. Pablo says :

    Es posible escaparse a uno mismo. Iván Illich, de no haber sido por su enfermedad, lo hubiera logrado. Él, en su momento, no tenía un celular para olvidarse, pero en su lugar utilizaba el trabajo, su mujer, “todo lo que la gente decorosa hacía” para olvidarse. Entonces lo de menos es el celular, porque si no es eso, cualquier otra cosa sirve. Lo de más es nunca olvidar esa soledad que nos rodea, porque entre más densa y más cultivada, más cerca estamos de los demás. No se está más cerca del otro cuanto más cerca, tal vez así de juntos estén infinitamente lejos. De la soledad se fortalece la amistad y se ahorra para apostarle al amor, y lo que queda, tras invertir bien en esos dos rubros, se liquida en la muerte. (Por cierto, si Iván Illich hubiera aceptado su soledad no hubiera rehusado su muerte).

  4. Lurdes says :

    Pues en este sitio lo estudian con grandes resultados en referencia a sus aciertos. Mirarlo no os dejará indiferentes pinchar aqui

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